Este soufflé de espinacas con queso tiene esa elegancia discreta de los platos que llegan a la mesa inflados, dorados y perfumados. La base de bechamel queda aterciopelada, el queso aporta carácter y la espinaca suma un sabor vegetal limpio, muy fresco, con un toque de nuez moscada que redondea el conjunto. Sírvelo en cuanto salga del horno: es entonces cuando está más alto, más etéreo y absolutamente irresistible.
Ingredientes
- Espinacas frescas — 300 g
- Mantequilla — 40 g para la salsa + 5 g para engrasar los moldes
- Harina de trigo — 30 g (2 cucharadas)
- Leche — 250 ml
- Huevos — 4 ud.
- Queso curado rallado (Parmigiano Reggiano, Gruyère) — 60 g
- Ajo — 1 diente (opcional)
- Nuez moscada — una pizca
- Sal — 0,5 cucharadita
- Pimienta negra — 0,25 cucharadita
- Pan rallado — 2 cucharadas
Receta paso a paso
- Precalienta el horno a 190°C. Prepara 4 ramequines de unos 200 ml o un molde grande: úntalos con mantequilla y espolvorea el interior con pan rallado. Llévalos al frigorífico.
- Lava y escurre bien las espinacas. Escáldalas 1 minuto, enfríalas enseguida y exprímelas con mucha energía para eliminar toda el agua posible. Pícalas finamente. Si usas espinacas congeladas, descongélalas por completo y escúrrelas muy bien.
- Para la base, derrite 40 g de mantequilla a fuego medio. Añade la harina y cocina, sin dejar de remover con unas varillas, durante 1 minuto hasta que desprenda un aroma suave y ligeramente avellanado.
- Vierte la leche poco a poco, batiendo con fuerza hasta obtener una mezcla lisa. Cocina 3–4 minutos, hasta que espese. Sazona con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada.
- Retira la salsa del fuego y deja reposar 2 minutos. Incorpora el queso rallado, luego añade las yemas una a una, mezclando rápido. Agrega las espinacas y, si lo deseas, el ajo muy picado.
- Bate las claras hasta punto de pico suave. Incorpóralas a la base en 2 o 3 tandas, con movimientos envolventes y delicados, de abajo arriba. No remuevas en exceso para conservar el aire.
- Reparte la mezcla en los moldes preparados, llenándolos casi hasta el borde. Pasa el pulgar por el interior del borde para que el soufflé suba recto y forme una bonita corona.
- Hornea 18–20 minutos, hasta que haya subido con firmeza y la superficie esté dorada. No abras el horno durante los primeros 15 minutos. Sirve de inmediato.
Valor nutricional por ración
| Parámetro | Cantidad |
|---|---|
| Calorías | 300 kcal |
| Proteínas | 16 g |
| Grasas | 20 g |
| Carbohidratos | 12 g |
| Fibra | 2 g |
| Azúcares | 5 g |
| Sodio | 520 mg |
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Consejos y variaciones
- Espinacas: en invierno, las congeladas son muy prácticas. Tras descongelarlas, exprímelas hasta dejarlas casi secas; el exceso de humedad impide que el soufflé suba bien.
- Queso: funcionan muy bien Parmigiano Reggiano, Gruyère, cheddar o una mezcla. Cuanto más aromático sea el queso, más expresivo será el sabor.
- Molde: un soufflé grande necesita más tiempo de horno, unos 25–30 minutos. Los moldes individuales dan un levado más estable y elegante.
- Temperatura: un horno bien precalentado es la clave de una copa alta y ligera. No abras la puerta al principio de la cocción.
- Versión sin gluten: sustituye la harina de trigo por maicena (25 g) o harina de arroz (30 g).
Con qué servirlo
- Ensalada ligera de pepino y rábano con limón y aceite de oliva.
- Baguette crujiente o tostadas para aportar contraste de texturas.
- Una cucharada de yogur espeso o crema agria con hierbas frescas para dar frescor.
Preguntas frecuentes
¿Se puede usar espinaca congelada?
Sí. Descongélala por completo y escúrrela con mucho cuidado hasta dejarla muy seca. El peso, una vez exprimida, debe ser parecido al de los 300 g de espinaca fresca.
¿Por qué se baja el soufflé y cómo evitarlo?
Las causas más comunes son unas claras poco montadas o demasiado batidas, mezclar con brusquedad, un horno frío o abrir la puerta al principio. Bate las claras hasta pico suave, incorpora con movimientos delicados y hornea en un horno bien caliente sin abrirlo durante los primeros minutos.
¿Con qué puedo sustituir la leche y la harina de trigo?
La leche puede reemplazarse por nata ligera o por una bebida vegetal sin azúcar, como avena o almendra. La harina de trigo puede sustituirse por maicena o harina de arroz, manteniendo proporciones similares.