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Cómo cocer arroz suelto aunque no tengas arroz especial para pilaf

    Si no tienes un arroz especial para pilaf, no pasa nada: el secreto para que el arroz quede suelto no está en la etiqueta, sino en la técnica. Con el grano común de la despensa también puedes lograr una textura limpia, sin masa pegajosa, si controlas tres cosas: el lavado, la cantidad de agua y el reposo final.

    El primer paso es lavar el arroz con paciencia. Ponlo en un bol, cúbrelo con agua fría, remueve con la mano y escurre. Repite hasta que el agua salga mucho menos turbia. No hace falta que quede completamente transparente, pero sí que pierda buena parte del almidón superficial, que es lo que más contribuye a que se apelmace.

    La proporción que mejor funciona

    Para un arroz blanco corriente, empieza con una proporción aproximada de 1 parte de arroz por 1,5 partes de agua. Si el grano es más blando o si tu cazo cierra muy bien, puedes bajar un poco el agua; si el arroz es más duro o tu fuego evapora mucho, quizá necesites apenas un poco más. La clave es no pasarte: el exceso de agua convierte un arroz correcto en una papilla antes de que te des cuenta.

    Lleva el agua a ebullición, añade el arroz ya lavado y baja enseguida el fuego al mínimo. Cocina tapado, sin estar abriendo la olla cada dos minutos. Si levantas la tapa, pierdes vapor y desajustas la cocción; si además remueves, rompes el grano y liberas más almidón. En la práctica, el arroz necesita tranquilidad.

    El reposo es parte de la cocción

    Cuando el agua se haya absorbido y el arroz esté tierno, apaga el fuego y deja la tapa puesta unos 10 minutos. Ese reposo es importantísimo: termina de redistribuir la humedad y ayuda a que los granos se asienten sin pegarse entre sí. Después, suéltalo con un tenedor, no con cuchara, para separar sin aplastar.

    La tapa también importa después de cocinar. Si la quitas de golpe y dejas el arroz descubierto mientras aún está muy caliente, el vapor sale de forma desigual y la capa superior puede secarse mientras el fondo se apelmaza. Mejor dejarlo reposar tapado y, si hace falta, destaparlo solo al final para remover con suavidad.

    Los errores domésticos que más lo arruinan

    • No lavar el arroz y confiar en que ‘ya se arreglará’ al cocerlo.
    • Agregar demasiada agua, especialmente por miedo a que quede duro.
    • Remover durante la cocción, como si fuera risotto.
    • Destapar continuamente para ‘comprobar’ si ya está.
    • Cocer a fuego demasiado fuerte, que rompe el grano y evapora el líquido de forma irregular.
    • Servirlo en cuanto se apaga el fuego, sin respetar el reposo.

    Si quieres una versión todavía más suelta, puedes extender el arroz ya cocido en una fuente amplia durante un minuto antes de servirlo, solo para que escape el vapor sobrante. Pero, en la mayoría de los casos, basta con lavar bien, medir el agua con criterio, cocinar sin tocar y dejar reposar. Con eso, incluso el arroz de todos los días sale digno de mesa.